Mi relación con Final Fantasy es de amor-amor. Espero cada entrega como agua de mayo, y, desde que jugué a la séptima entrega, siempre procuro reservar cada nuevo juego para poder disfrutarlo el día mismo del lanzamiento (excepto Final Fantasy X) y ninguno de ellos me ha decepcionado (excepto Final Fantasy X).Supongo que cada cual tiene sus debilidades, y la mía es Final Fantasy.
Así que permitidme que no sea nada imparcial en mi análisis.
Final fantasy XIII es una de las aventuras más ÉPICAS (así en mayúsculas) que han pisado la XBox. Unos gráficos fantásticos; unos personajes entrañables; un mundo creíble (para tratarse de uno situado dentro de una especie de luna artificial flotante, claro) con una ambientación futurista de esas con naves, ametralladoras y monstruos mecánicos; una historia dramática (pero sin ser pastelosa), que te engancha de principio a fin… Si fuese una película estaríamos ante una de las mejores del año.
Pero Final Fantasy XIII es un juego, y para que un juego sea bueno, necesita ofrecer una experiencia interesante y entretenida a nivel jugable. Y, afortunadamente, también lo es.
El sistema de combate ofrece combates cortos y frenéticos que durante las primeras horas de juego sorprenden (y desencantan un poco, para qué engañarnos) por su facilidad y simpleza (algunos jefes se despachan en apenas un par de minutos). Y no ayuda el que solo controlemos a un personaje en los combates (eso sí, en un solo turno debemos introducir varias acciones). La parte guay viene aquí: A cada personaje debemos asignarle un rol (castigador/guerrero, fulminador/mago negro, sanador/mago blanco, obstructor, protector, inspirador) y cada rol tiene su función específica dentro del combate (un sanador o un inspirador no pueden atacar). Las distintas combinaciones de roles se denominan formaciones y, aunque no puedes cambiar el rol de un personaje en concreto durante el combate, sí puedes cambiar la formación (que debes haber configurado previamente en el menú principal). Los combates son muy estratégicos, pues debemos configurar las formaciones para ajustarlas a nuestro estilo de juego, y elegir el momento preciso para cambiarlas durante la pelea (y, creedme, hay que cambiarlas muchas veces si queremos sobrevivir).
Tampoco hay niveles, sino un sistema parecido al de esferas (pero bien hecho), en el que nos dan una serie de puntos que podemos distribuir entre los distintos roles (que al principio no son los mismos para cada personaje).
Quizá el único punto negro del juego sea que es bastante pasillero. No lineal, ojo, que todos los Final Fantasy lo son, sino pasillero. Durante gran parte del juego nos dedicaremos a ir del punto A al punto B (con algún ligero desvío para recoger un cofre medio escondido) por un camino serpenteante. Como en Final Fantasy X, pero un poco más exagerado (y sin que los protagonistas den vergüenza ajena). Una de las cosas que hicieron que Final Fantasy XII se haya convertido en uno de mis juegos favoritos, fue esa sensación de estar recorriendo un mundo abierto, que podías explorar, con varias salidas por cada escenario… Aquí se ha dado un paso atrás, aunque en su favor diré que no se hace monótono, ya que los lugares que visitas son muy variados, y el no tener a un protagonista fijo (vas cambiando de punto de vista conforme va avanzando la historia) también ayuda.
En resumen, Final Fantasy XIII es un gran juego, emocionante y divertido, y que está a la altura de los anteriores (aunque, eso sí, me da que va a ser más corto).
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Creo que a partir de esta semana POR FIN podré recuperar el ritmo de actualización habitual, lo siento por este último medio mes, pero apenas he podido dibujar (y no, el FFXIII apenas ha tenido nada que ver).





















